De Clientes de Correo

Mis pininos con el correo electrónico empezaron con Exchange en Windows 95 y luego Eudora Mail. Cuando empecé a usar Linux los “webmails” eran la revolución, como Hotmail (cuando se llamaba “HoTMaiL,” en referencia a “HTML”), Yahoo! Mail y, aquí en Latinoamérica, LatinMail. Mi correo personal era el mismo que tenía del trabajo, y usábamos Squirrelmail.

Entonces encontré Mutt y empecé a usarlo durante muchos años. El correo HTML empezó a ganar popularidad y yo era del grupo de sus opositores.

Cuando en el 2015 hice el salto a MacOS X, empecé a usar Apple Mail y me resigné a aceptar los correos HTML dado que los clientes con quienes ahora trabajaba lo utilizaban exclusivamente.

Apple Mail es bastante aceptable, excepto por tres cosas:

  • Es lento.
  • Tenía cierto bug que no borraba del servidor los mensajes eliminados.
  • No soporta Maildir, usa un formato propietario (lo cual no es de sorprenderse).

Cuando regresé a Linux en el 2019, pensé encontrar un cliente de correo tan bueno como Apple Mail y que soportase Maildir. Para mi gran sorpresa, no fue así. El cliente menos peor que encontré es Thunderbird, pero es lento, bloated y no soporta Maildir.

Luego de varios meses, instalé Mutt para ver mi correo desde Tmux, con un muttrc nuevo (de algún modo perdí mi backup). Lo fascinante fue cuando todas las secuencias de teclado volvieron a mí instantáneamente.

Ahora uso Mutt cuando quiero revisar o responder mi correo rápidamente, y Thunderbird cuando necesito leer o escribir correo HTML.

No puedo conmigo mismo, soy un geek perdido.

Prime, mi primera Macbook Pro

Hace mucho tiempo tengo pendiente escribir en mi blog que tuve una Macbook Pro. Siempre he admirado las Macs y MacOS X (recuerdo la primera vez que pude usar una G4) pero de lejos, porque su alto precio las hacía inaccesibles para mí.

En el 2015 apareció la oportunidad de comprarme una Macbook Pro Early 2011, muy bien cuidada y a un precio asequible. Siempre me veía en un futuro lejano usando una Mac e, inesperadamente y sin sentirme listo, la oportunidad estaba allí delante mío. Ese día futuro había llegado y no lo podía creer.

Le puse de nombre “Prime,” porque era mi primera Mac.

Mi máquina en ese entonces era una Lenovo Thinkpad X200 Tablet (“Tumbler”), en la cual tenía un híbrido de sistemas operativos: Windows XP como sistema operativo principal y Ubuntu Linux dentro de Virtual Box. La razón por la que usaba Windows era para evitarme problemas con el hardware (entiéndase: impresoras, scanners, etc) y usar software exclusivo para Windows (notablemente, PaintTool SAI). Sin embargo, todo el grueso de mi trabajo lo hacía en Linux, el cual no requería muchos recursos.

MacOS X vino a ser la amalgama ideal de esa configuración: un Unix con soporte de primera clase por proveedores. Adicionalmente, ahora tenía acceso a programas exclusivos para Mac los cuales, en mi opinión, tienen una mayor calidad y pulido que las alternativas de Windows. Y cuando descubrí CLIP Studio Paint para MacOS, fui enormemente feliz (hasta entonces seguía usando Paint Tool SAI en la X200 Tablet).

Ya muchos han escrito acerca de las bondades y peculiaridades del ecosistema de Apple y las Macs. El quid principal, en lo que concierne a ecosistemas opinados, es que si la dirección coincide en su mayoría con tu modo de pensar, todo es felicidad y dicha. Es en la diferencia de opiniones fundamentales donde ocurren los conflictos y debates acalorados, y ahora que Apple está llevando las Macs por una dirección distinta (otra vez) muchos fanáticos veteranos se encuentran en una posición de disgusto y decepción.

¿Mi posición? Me gusta mucho el just works del ecosistema de Apple, que mi impresora, tableta Wacom y otros dispositivos tengan drivers propios del proveedor (y no un tercero no oficial como es lo usual en Linux), la experiencia del sistema operativo (¡ese scroll tan suave y perfecto!) y la comunidad que gira en torno a MacOS.
Por otro lado, hay cositas que me sorprendieron, como la falta de soporte de ext4fs (requieres comprar un driver de un tercero), el sistema de ficheros case insensitive, el flujo ilógico para ver imágenes, lo mucho que se calentaba el cuerpo de aluminio (sobre todo en mi calurosa oficina en la calurosa Ica), entre otras cosas. Pero lo que más, más me irrita con pasión son los pésimos adaptadores de corriente. Apple tiene mucho cuidado del hardware, excepto el adaptador, cuyo cable se rompe con la mirada.

Para mi deleite, mi vieja máquina del 2011 podía usar MacOS X El Capitan, la versión más reciente del 2015. En el 2017 pude actualizar también a High Sierra, pero finalmente fue con Mojave en el 2018 que mi Macbook Pro fue excluida. Siete, casi ocho años, es bastante tiempo en lo que concierne a legado de hardware, Apple ha sido muy generoso.

En el 2019 decidí que era necesario hacer un upgrade. El problema es que mi presupuesto estaba más ajustado que antes, y las Macs seguían igual de caras que siempre.

Sobre Smartphones, Facebook y la falta de atención

“Todos los problemas de la humanidad proceden de la incapacidad del hombre para permanecer sentado, en silencio, a solas en una habitación.”

– Blaise Pascal.

Escribo estas líneas en un Starbucks. Delante mío puedo ver a personas sentadas, en silencio, con sus rostros iluminados por una pantalla. Un hombre de más o menos mi edad con un iPhone. Una señora entre 40 y 50 años conversando a través de un Android. Un jovencito con gafas pulsando botones en un Nintendo 3DS. Los observo sin que ellos se den cuenta, agachados y distraídos de lo que sucede a su alrededor. Entonces sigo tecleando, irónicamente, con mi rostro iluminado por una pantalla aún más grande.

He vivido una buena parte de mis 42 años sin ningún smartphone, pero tal parece que hoy soy incapaz de vivir sin uno. Adultos, jóvenes y niños tienen acceso 24 horas al día, 7 días a la semana a un aparato conectado a Internet. Esto es un fenómeno que, hace diez años atrás, no existía.

Basta alzar la cabeza (y no lo digo muy figuradamente) y mirar alrededor nuestro para darse cuenta que vivimos, como dice Cal Newport, en un estado de constante distracción. Nos hemos vuelto intolerantes al aburrimiento. Ante cualquier ápice de incomodidad desbloqueamos el celular para revisar si hay algo nuevo. Lo primero que hacemos al despertar y lo último que hacemos al acostarnos a dormir es revisar Facebook. Craig Mod escribió, “Hay miles de maneras hermosas de iniciar el día que no empiezan con mirar tu teléfono. Y aún así pocos elegimos hacerlo.”
Ya no “vivimos el momento.” El observar, reírse y gozarse de algo que está sucediendo ha sido reemplazado por una foto, un video, un selfie. Todo lo que sucede lo observamos a través de la pantalla. Estamos allí sin realmente estar allí.

Crédito: Boston Globe via Getty Images

No somos capaces de ir a ningún lado — ni siquiera cruzar al otro lado de la habitación — sin tener nuestro celular con nosotros. La soledad se ha vuelto insoportable. Sin aquel rectángulo mágico sentimos ansiedad e inseguridad, no sabemos qué hacer.

Estamos ocupados en una actividad y al mismo tiempo conversando por Whatsapp con otra persona, con la atención dividida, sin concentrarnos en una sola cosa. Y estamos perdiendo esto último: la capacidad de poder concentrarnos, de enfocarnos profundamente en una tarea. Nos hemos acostumbrado tanto a la distracción, a las notificaciones, a la vibración, que cuando no ocurre ninguna de estas cosas, instintivamente cogemos el celular para corroborar que no hay ningún mensaje o, peor aún, buscamos voluntariamente algo nuevo para aplacar el deseo y sentirnos bien. Es una adicción.

Sí, Facebook produce una reacción en nosotros similar a la de un adicto a las drogas. Y esto no es una opinión, sino un hecho respaldado por numerosos estudios. Lo mismo se aplica a otras redes sociales (e.g. Twitter, Instagram, Snapchat, Whatsapp, Reddit, Slack) o actividades (juegos, Youtube, Netflix). El hecho es que cada una de estas cosas tiene el potencial de producir en nosotros el rush de dopamina que, a largo plazo, daña nuestro cerebro y comportamiento en maneras terriblemente nocivas.

Al ser consciente de este fenómeno veo con pena y disgusto cómo otras personas caen rápidamente en un estado catatónico frente al celular. Muchachos sentados juntos y a la vez tan separados, cada uno en su propia burbuja, ignorándose e inconscientes de la rudeza de la situación.
Quiero decirles que esto es anormal. Que es maleducado e inaceptable ignorar a la persona que tienes delante. Que debes darte cuenta que tienes un problema.
Pero cuando menos me doy cuenta, mi hijita me está hablando y la estoy ignorando por responder a algo gracioso con ese Emoji que se ríe hasta las lágrimas. Ella quiere jugar conmigo y le digo, molesto, que espere, para luego reírme con algo gracioso que alguien, que no está presente, compartió.
Un día en el futuro estaré sentado a la mesa con mis hijos y ellos me ignorarán, enfrascados en su mundo, ojos pegados a sus pantallas, audífonos en sus orejas, respondiéndome en monosílabos. Y cuando les pida que me escuchen, recordaré que yo hice lo mismo con ellos hoy.

Oh, no.

Si quiero cambiar ese futuro, debo actuar ya. Si quiero controlar y enseñarles a controlarse en el uso de estas nuevas tecnologías debo empezar por mí mismo, ya mismo.

Así que ya empecé. Con Facebook, mi problema más grande.

Varias veces he intentado controlarlo para volver a recaer. Estuve muy cerca de borrar mi cuenta. Lo que finalmente ha funcionado — para mí — fue desinstalar la aplicación de mi celular y hacer unfollow a todos excepto a mis familiares cercanos. Mi News Feed es tan corto ahora que, al final de éste, sale un mensaje nuevo que dice: “You’ll have more stories in News Feed if you add more friends.” You’re so funny, Facebook.

¿Qué cambios han ocurrido? Bueno, hay cosas de las cuales no me entero, o me pongo al tanto más tarde que los demás. Cuando llego a enterarme de algo es porque tiene un alto grado de importancia (como el nacimiento de un bebé); y si no llego a enterarme es porque este otro algo forma parte del 90% del contenido usual de Facebook: memes, chistes, publicidad, noticias virales, linkbaits, etc. Eso es una gran mejora.
Por otro lado, ya no estoy tan ansioso. Me siento más libre, de hecho. Siento que ya no tengo que estar al tanto de todo ni contabilizar cuántos Likes obtuvo mi foto. Tengo más tiempo. En serio, es sorprendente la cantidad de tiempo que uno pierde en Facebook.

Curiosamente, nadie se ha dado cuenta de mi ausencia. Al menos nadie ha preguntado por mí directamente. La vida continúa, el mundo sigue girando y las noticias llegan igual. Pensé que si necesitase estar al tanto de la vida de algún amigo, podría buscarlo igual en Facebook y ver su Timeline. Eso hice con alguien y encontré que nada importante había ocurrido. Algunas fotos interesantes, pero ninguna razón de peso que me haga reconsiderar.

Se puede vivir sin Facebook. Aún no estoy seguro si debo aceptar las nuevas solicitudes de amistad. De las docenas que están esperando, solo una persona me lo mencionó al respecto.

Sigo teniendo instalado Facebook Messenger en mi celular, pues es el único medio de contacto que tengo con ciertas personas. Para mí no es un problema pues me hablan muy poco y siempre para cosas puntuales.
Seguiré atacando otros puntos problemáticos. He bajado un poco la guardia. Mi hijo sigue creciendo y me sirve de recordatorio que debo apresurarme de alcanzar cierto control y equilibrio para impartir a mi familia.

La clave, como muchas cosas de la vida, está en la moderación y el autocontrol.

Estas son algunas lecturas interesantes sobre el tema. Y si encuentras difícil leer textos “tan largos,” quizás sea un indicio de cuán fracturada está tu atención:

Finalmente, este video vale más que mil palabras.

Adiós, TextDrive

TextDrive ha cesado de existir. Hay muchos sentimientos mezclados y voy a deliberadamente omitir algunos para escribir para la posteridad del TextDrive tal como lo quiero recordar.

Cuando Ruby on Rails se alzaba en popularidad le preguntaron a su creador, David Heinemeier Hansson, “¿Y qué del alojamiento? Hay miles de proveedores que soportan PHP. ¿Cuántos hay de Ruby on Rails?”

David contestó locuazmente, “No necesitas miles, basta con uno.”

TextDrive fue durante un tiempo el proveedor de alojamiento oficial de Ruby on Rails. Inclusive parte de lo que cobraban era donado al proyecto. Cuando empecé a programar con Ruby on Rails y necesitaba un alojamiento que lo soportase, TextDrive fue mi opción. Así fue como los conocí.

La característica más importante de TextDrive era su comunidad. Dudo mucho que encuentre en los foros de otros proveedores la camaradería, amistad y profesionalismo de los TextDrivers. A pesar que participaba muy poco, visitaba a menudo los foros y conocía de nombre a los miembros. Nos ayudábamos, resolvíamos problemas, escribíamos guías y hasta teníamos una suerte de Twitter propio — esta era la época en la que Twitter devolvía Fail Whales con frecuencia.

La fama de TextDrive proviene de su peculiar concepción, recaudando dinero de los usuarios a cambio de cuentas de por vida, mientras la compañía se mantenga con vida. Yo llegué a una de las últimas oportunidades de invertir.

¿Valió la pena? Sí, definitivamente. Si hablamos en términos de dinero, mi inversión se pagó hace varios años atrás. He tenido alojamiento por ocho años en los cuales he contado con un excelente servicio. He conocido a personas muy interesantes y profesionales de quienes he aprendido mucho.
Tener este alojamiento me ha permitido probar, experimentar, lanzar proyectos y experimentos con una enorme libertad. Websites iban y venían. Alojé a amigos gratis. En épocas de vacas flacas, mi correo y websites no eran una preocupación.

Con la llegada de Joyent todo cambió. Jason Hoffman desapareció. Dean Allen trató de rescatarnos, pero su corazón y buenas intenciones no pudieron oponerse a todas las dificultades y problemas que sobrevinieron. Jacques Marneweck es nuestro sacrificado héroe que nos mantuvo a flote a pesar que no tenía la obligación de hacerlo. Es una pena ver que ha llegado a su fin. Me siento triste porque ningún alojamiento me hará sentir parte de sí como TextDrive.

No sólo pertenecíamos a TextDrive sino que, en un sentido muy real, TextDrive nos pertenecía.

C’est la vie. Nada en este mundo es para siempre y, aunque una parte de mí desearía que hubiesen sido veinte y no ocho, han sido bonitos años que voy a recordar con satisfacción.

Sin iPhone y feliz

Han pasado cinco meses desde que estoy sin mi iPhone y, contra todo pronóstico, no tengo intenciones de comprar un reemplazo pronto. No compré el iPod Touch que tenía planeado. Mi celular actual es un Samsung sencillo, esos color negro con rojito.

¿Cómo me va? De hecho, bastante bien.

Comenté previamente que tenía la intención de aplazar la compra para hacer un experimento. He leído de personas que dejaron su smartphone por celulares más sencillos y deseaba probar lo mismo. Ya ha pasado tiempo suficiente para escribir mis observaciones.

En los primeros momentos que estuve sin el iPhone, curiosamente, me sentí liberado. Sentí un alivio del que no era del todo consciente, tenía un peso cuya magnitud ignoraba: la preocupación de que no me robasen o se perdiese mi celular. Era algo a lo que aparentemente me había acostumbrado. Estar libre de ella fue revelador.

Oh, cierto. Antes de seguir, debo dejar en claro que no pretendo liderar el Gran Movimiento Anti-Smartphones, ni estoy proponiendo que todo el mundo deseche sus smartphones por Samsungs negro con rojito, que son la plaga tecnológica del nuevo milenio o algo así. Este es mi caso en particular y mis necesidades particulares. Yo soy Jaime Wong y tú eres tú. No todos, como yo, tienen el interés de desconectarse más de internet y vivir sin 3G. No todos, como yo, les despreocupa estar actualizados todo cuanto ocurre en Facebook o Twitter. No todos, como yo, se organizan mejor con lapicero y papel. No todos, como yo, están dispuestos a estar aburridos a propósito.

Sin embargo, al igual que muchos, tengo necesidades que el iPhone proveía y que he necesitado reemplazar.

Por ejemplo, mi calendario. Es cierto, no tengo una agenda ocupadísima ni impredecible, pero sí suficientes eventos imperdibles que me hacen necesario mantener una agenda/calendario de algún tipo. Al principio me las arreglé con Google Calendar (mi calendario del iPhone estaba sincronizado allí) y mi Circa PDA, pero he terminado migrando a una agenda de papel. WHOA! Ya escribiré más ampliamente al respecto en otro momento.

Una de las aplicaciones que más he usado han sido las Notas. Yep, con su horrible fuente Marker Felt. Algunas personas piensan hablando, yo pienso escribiendo. El reemplazo actual es mi cuaderno Circa, pero debo reconocer que es distinto. En el iPhone tecleaba casi a la misma velocidad con que pienso y podía reordenar mis ideas. En papel me demoro en escribir, lo cual tiene ciertas ventajas (puedo dibujar). Es distinto, pero siento que en el iPhone era mejor. Consecuentemente, no escribo tanto como en el iPhone.

Otro uso crítico de mi iPhone era Momento app, donde llevaba mi diario. Ha sido fácil trasladarlo a la PC, donde igualmente exportaba todo lo que escribía en Momento. Echo de menos la vista del Mes donde podía ver los días que había escrito. Podría hacer un script que genere lo mismo, pero este es el caso donde los detalles visuales hacen una enorme diferencia. Momento era elegante y atractivo de usar. Echo de menos esa experiencia.

Tengo varias canciones que, lastimosamente, solo puedo escuchar en la PC con iTunes, dado que tiene el DRM de iTunes Store. No es tan grave. De hecho, ahora escucho radio en el celular Samsung (Radio Oxígeno, FTW!).

Lo que más me cuesta reemplazar es Instapaper. Sigo usando el servicio web porque es excelente. Mi problema es cómo leer mi cola de pendientes cuando no estoy en la PC. He venido usando DSLibris, un lector de ebooks para el Nintendo DS que puede leer ePubs (que Instapaper genera) o un muy estricto XHTML. Tengo un script a medias para convertir el HTML de Instapaper en XHTML, pero nunca tuve tiempo de acabarlo. Traté de resucitar mi N810 pero se me mueren las baterías. Recién acabo de desempolvar mi viejo Palm IIIx para usarlo con Plucker, como antes. Hay mucho que tengo que hacer a mano para meter el contenido de Instapaper a la Palm, eso significa muchos scripts por escribir. Instapaper era una solución muy elegante.

Finalmente, lo que no he podido reemplazar en absoluto ha sido el podómetro (i.e. para medir los pasos). Mi ejercicio matutino era trotar y el feedback es importantísimo. Al principio terminaba agotado a los pocos minutos, con menos de cien pasos. Antes de averiarse mi iPhone corría ocho minutos sin siquiera sudar, haciendo cerca de mil pasos.
Cuando se malogró mi iPhone seguí haciendo mis ejercicios midiendo el tiempo, pero no era lo mismo. No había un número concreto que midiese mi progreso. Fui perdiendo el interés, llegó el invierno y dejé de hacer ejercicio en las mañanas, parcialmente cubierto con las veces que cargo a Michelle para hacerla dormir. Estoy seguro que si hubiese medido esos pasos, tendría muchos kilómetros acumulados. :)
Comprar un podómetro de verdad no es una opción. Aún no he decidido qué hacer, pero necesito volver a hacer ejercicio y con un feedback motivador.

Esas son las cosas más importantes. No jugaba mucho en el iPhone, para eso tengo el Nintendo DS. Mi iPhone era un obsoleto iPhone 3G (cuando el celular más moderno era el iPhone 4S), así que igual no tenía más aplicaciones o juegos para comprar.

He descartado el plan de comprar un iPod Touch para comprar un iPad Mini. Luego de ver al hijito de mi primo jugar con uno y aprender tantas cosas me convencí de inmediato que sería un beneficio educativo enorme para Michelle. Eso solucionaría el problema de Instapaper de la mejor manera.

Ahora, sobre el podómetro, ¿qué tan ridículo será trotar con un iPad colgando del cuello?

Privacy, Secrecy, the Web, and Ads

Privacy, Secrecy, the Web, and Ads:

As much as I’d like to place the blame squarely at the feet of the Government, I see little logic in that argument. Let’s step back and look at the U.S. at a macro level: The country we see does not seem concerned about privacy in the least. We blindly turn over troves of marketing data about ourselves, without even reading what will be done with that data, in the name of, well, getting our desired username on the latest and greatest service.

Paris and the Data Mind

Paris and the Data Mind:

This was my life. My life just a few months after getting a Fitbit. I spent evenings hunting Google Maps for walks—new walks, green-lined, meandering walks. Work continued to bring me to new cities, and with each unexplored urban space I felt my chest tighten with excitement; fresh ground to explore, more steps to be had.

Walking is different than biking or driving down a street. Heads stuck in smartphones, we miss the humanity of the scenes we pass. Yet using that same technology we can call up with atomic granularity the time and place of a meeting with a dear friend years back. Sometimes those two spaces collide—technology creating an almost psychic, projected awareness of the here and now.

Cada vez que releo este artículo me dan ganas de salir a caminar. :)

Y luego de leerlo no se pierdan los comentarios adicionales del autor en su blog.

Archivando (¡en papel!) mis artículos favoritos

Otra vez otro artículo en la web dejó de existir. No era muy importante, pero de aquí a un tiempo es probable que esto siga ocurriendo. Ya que mis artículos favoritos están listados en Instapaper, lo que hago es imprimirlos con Chrome a PDF (luego de ajustarlo un poquito usando Aardvark). Hago backups del PDF a Strongspace (un proceso automático) y finalmente los imprimo en papel y los archivo en un pioner.

Ando últimamente queriendo “desconectarme” de mis dispositivos y de Internet, por eso el interés de tenerlo impreso.

El PDF se ve guapísimo. Impreso lo es aún más.