Vacunándose

Para los que aún no se enteran que soy un procrastinator de los campeones, recién hoy acabo de vacunarme contra la rubeola. Fui primeramente al Hospital Petita Ramos y me dijeron que no había vacuna. Sin pensarlo más salí y tomé el primer vehículo que encontré (una mototaxi) para ir al Hospital Regional porque ya me conozco y si dejo pasar la oportunidad, difícilmente arrimaría tiempo (¿arrearía?) para hacer esta labor tan importante.

Así que llegué al Hospital e hice mi colita. Habían Mamás con bebés (¡muchos bebés!) para la vacuna contra el sarampión (o al menos eso entendí). Habían varias enfermeras dentro del cuartito, junto con otras Mamás — al parecer estaban conversando entre enfermeras y en un momento dado la mayoría salió.

Antes de entrar yo entró una Mamá con su hijito, debía de tener cuatro años. Una de las enfermeras me miró y le dije que venía para la vacuna contra la rubeola. Al rato me hizo pasar.

“¿Cómo se llama él?”- preguntó la enfermera a la Mamá que entró antes que yo, refiriéndose a su hijito.
“Teodoro,” dijo (o un nombre con “T”, no recuerdo bien).
“Teodoro,” dijo la enfermera, “mira, voy a vacunar al chico.”

Dentro de mí pensé, “debo poner la cara más fresca de mi vida.” Así que miré al chico y me hice el completo disimulado, mientras el muchacho se negaba a vacunarse. Por un momento temí que me doliese el hincón y el chico notase algún cambio en mi expresión. ¿Qué si me dolía y la enfermera la hacía larga?

“Ya está, ¿ves?” dijo la enfermera.

No sentí absolutamente nada. Es más, durante el camino de regreso estaba dudando si realmente me habían vacunado. Otras inyecciones me han dolido hooorrible.

Bromeando, pero en tono serio, dije en voz alta para que el chiquito me escuche, “¿Ya me vacunaron? No sentí nada.” Las otras enfermeras que estaban allí se rieron.

Nunca traigo chocolates ni dulces, pero me hubiese gustado de algún modo ayudar para que lo vacunen al chico. Otra enfermera se me acercó con el carnet y me pidió mis datos: nombre, apellidos, edad.
“No puedes tomar alcohol ni donar sangre.”
Iba a decirle que yo ni tomo alcohol cuando otra enfermera me preguntó mi edad.
“Veintiocho,” contesté.
“¿Veintiocho?”

Ya después entendí (sí, soy lento) que la compañera de la enfermera me había echado ojo. Passé.

Ah, me dijeron que debo llevar mi carnet cuando vaya a votar. La ONPE va a pedir los carnets de vacunación. Fue un aviso de servicio público. :)

Mientras salía, escuché al chiquito negarse nuevamente y cuando crucé el pasadizo finalmente rompió a llorar.