Agosto 30, 2005

Una Luna y un ratón
“Gracias a Isa conocí a Luna una chica peruana que acaba de lanzar su primer CD” escribió Slayer. ¿Eh? ¿Qué? Leí nuevamente el primer párrafo e hice click en el link. Mientras cargaba la página de Luna seguí leyendo la nota de Slayer. Oh, vaya, un disco propio. No es la primera vez que un Peruano hace esto por supuesto, y no es nada de qué sorprenderse; sino que otra de las tantas millones de cosas que quiero hacer en la vida es terminar de componer esas ideas pendientes que tengo en la cabeza. Closure. Y el hecho de que alguien haya empezado y terminado un disco me hizo interesarme.

“What’s the thought that makes you cry every night?”

Empecé a leer la página de Luna/Natasha y quedé plenamente identificado con lo que escribía, justo detalles que la semana pasada conversaba con Savre, sobre contactar con extraños y preguntarte si entenderán. “Me contactaron con un bajista. ¿Congeniaremos?”
Me emocioné un montón porque ella ha hecho lo que me gustaría hacer: “Llamé a un cellista, a un violinista, a un guitarrista, a algunos pagué a otros no. Me topé con gente que sabía cantar “hey, ¿me ayudarían con el disco que estoy haciendo?”. Sus tiempos, mis tiempos, falta de coordinación y la demora de un disco que empezaba a ser frustrante.” Ella hizo todo aquello para lo cual no encuentro tiempo, inspiración ni valentía suficientes.

“I don’t want to be great, I just want to be beautiful.”

Terminé de leer su web y salí literalmente corriendo al Phantom Music de Larco, me compré el CD, lo puse en mi discman y me subí a mi micro. Ha estado girando en mi discman todo el viaje de regreso a casa, toda la mañana de hoy y en la oficina (sí, es feriado y estoy trabajando. Go me).

Luna toca el piano y canta muy, muy, muy bien. La música es sencilla, sin muchos arreglos, lo cual no tiene nada de malo, pues deja brillar y resaltar la voz y la letra, que son los verdaderos protagonistas de este “viaje,” al que en la introducción Luna nos ofrece amablemente guía, con la condición que nos comportemos. :D
Sé que otras personas podrán criticar mejor la música que yo, así que ni lo intento. Simplemente me gusta, eso es todo lo que importa.

“I guess I’ll have to laugh more often.”

Hay una pista, Suffocation, que es parecida a una composición que hice hace muchos años atrás en Impulse Tracker. Quizás Oliver la recuerde. ¡Quería saltar en el micro de emoción! Soñé con acabar esa composición, buscar a Luna y preguntarle (¿rogarle?) si le gustaría cantarla. Yeap, ya todos pueden dejar de reírse.
He convertido lo que tengo a MP3 para que si algún día mi sueño se hace realidad no me digan “copión.” :D

Mas la cereza de todo es esto:

“Y así, más que haber logrado varias cosas sucedió algo, para mí, más importante: algunos de entre ellos volvían a sus instrumentos luego de haberlos abandonado, o en todo caso, repensaban la cosa. Por ahí alguien incluso se compra un instrumento nuevo y otro piensa hacerlo pronto, si logra hacerlo.”

Gracias a una musa volví a coger mis instrumentos y soñar como antes. Y ahora gracias a tí, Luna, tengo muchos más ánimos de hacer mi pobre música realidad. You are my hero.

¡Gracias, Luna!

Agosto 19, 2005

jc

He estado EXTREMADAMENTE ocupado trabajando en un proyecto. Ya estamos por terminar, finalmente.

L’amour, contrastes y dualidad
Acto Uno: el Martes que estaba en el micro de ida a la oficina me percaté que la chica que acababa de subir tenía el rastro de una lágrima. No le tomé mayor importancia, el micro estaba lleno de gente y ella ya no estaba en mi rango de visión.
Más adelante en el viaje a mi lado estuvo una pareja semiabrazados, de pie. Me percaté que la chica llevaba un anillo de compromiso (por razones que no puedo mencionar aún aprendí de primera mano las formas y detalles de un anillo de compromiso, por eso el interés); dentro de mí pensé “Whoa, cool.” Después de varios minutos recién me percaté que era la misma chica de la lágrima.

El joven que la abrazaba le susurraba, y era un tanto artístico. Con todo el ruido del micro y la gente, sólo se veía cómo movía sus labios y la miraba. Era como ese video de Radiohead donde un hombre inexplicablemente se deja caer al suelo y dice un secreto del que sólo vemos mover sus labios. Tenía un cierto estilo de película muda, sólo que con ruido de micro en lugar de silencio absoluto, donde el cerebro sugestiona vocecillas donde no las hay, y te imaginas diálogos que no puedes escuchar.

Lo que completaba la magia era que ellos se movían a otro ritmo que los demás, como si el tiempo corriese más lentamente, en otra frecuencia.

Entonces la chica giró su rostro y yo me volteé. Ella no se percató de mí, mas yo sí percaté su siguiente movimiento y no pude evitar mirar. Se quitó el anillo del dedo, alzó la vista al joven y se lo entregó.

Más adelante en el viaje, ella pudo sentarse y él estuvo de pie, abrazándola, diciéndole palabras mil. No sé qué cosas le habría dicho, no sé qué palabras habría escogido, no sé los motivos, ni las razones, ni qué habría pasado. No sé si era un ultimo adiós, un “perdóname” o un “lamento hacerte esto.” Sólo labios y rostros y gestos en un lenguaje silencioso.

Y el viaje continuó y ella tuvo que bajarse. El finalmente se sentó en el asiento paralelo, al lado de la ventanilla. Ella cogió sus cosas, una bolsa, su cartera y le besó. Avanzaron un poco más. “Municipalidad bajan,” dijo él.

Ella bajó y el joven miraba por la ventanilla, con ese ímpetu que he vivido, de querer atrapar todo lo posible de una última mirada a ese ser amado, por quien gira tu universo.

Pero ella bajó corriendo y no miró atrás. Los árboles cubrieron la vista y él se quedó sentado, pensativo. Solo.

Acto dos: Ayer, en el micro de regreso a casa; un Toyota Corolla frena al lado del micro, yo estoy en el lado de la ventanilla. El micro siempre es más alto y a veces uno observa a las personas en los autos que mayormente ni se dan cuenta de las miradas de uno. Me llamó la atención el equipo de sonido de este auto, pues unas letras empezaron a aparecer en su pantalla. “REQUIEM” apareció primero, y luego se deslizaron las letras y apareció “MOZART”.
Siendo algo inusual que alguien escuche tal maravilla musical miré a los pasajeros y estaba conduciendo un hombre, acompañado de una mujer. El ángulo me impedía ver sus rostros. Ella volteó para mirarlo, como si él la hubiese llamado; alzó su mano y acarició su rostro. Ella parecía encogerse, “derretirse” como dicen.

Requiem, una persona maravillosa y un largo camino abriéndose delante de ambos. “Whoa, cool,” pensé al imaginarme vivir un instante así y recordé a la primera pareja, la muchacha de la lágrima y el joven con el anillo en su mano.

Día y noche, lágrimás y música, micro y automóvil, ida y regreso, tristeza y felicidad, cuerpos que se separan y almas que permanecen juntas.

Dualidad.

Agosto 01, 2005

Martes y Venus
Nota: Esto no es ningún review. Soy malazo para hacer críticas. :)

Hace ya varios meses atrás estaba en un micro y me senté al lado de un universitario que estaba leyendo el conocido “Los Hombres son de Marte, las Mujeres son de Venus” de John Gray. En un momento en que el muchacho alzó la vista le dije “Hey, qué te parece ese libro?”
Me contó que se lo estaban haciendo leer en la Universidad y que le parecía muy bueno. Dijo algo que también sentí al leerlo (um, aunque aún no lo he terminado): “Ahora entiendo mejor a mi Madre.” Muchas veces mi Mami me pedía que le hablara más, que le contara mis cosas, pero yo estaba en la típica actitud marciana de “irse a la cueva,” de retirarse a pensar. Durante mucho tiempo pensé que algo estaba mal en mí, o que era propio de mi personalidad (léase: introspectivo) — pero leyendo el libro me enteré que es perfectamente normal, lo cual explica por qué a veces estoy “de humor” para conversar con mi Mami y otras veces no.
Pude entender muchas cosas también sobre varias amigas que tengo, roces que tuve con algunas de ellas y por qué se comportan como se comportan. :)

Para los que no lo conozcan, “Los Hombres son de Marte, las Mujeres son de Venus” trata sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres, mayormente desde un punto de vista conyugal. Es muy bueno y es fácil identificarse con los ejemplos que menciona.

Se lo pasé a mi hermano y le compré una copia en español a unos amigos míos que están casados. El le hizo caso omiso, quien más lo ha leído fue ella y me comentó que sí le ayudó un poco, pero aún no ha terminado de leerlo.

Se los recomiendo altamente. Es probablemente uno de esos libros de lectura obligatoria para todo adulto (casado o no). ;)

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